El gobierno del PSOE, a la salvación de la monarquía putrefacta

La clase obrera en retroceso, durante los años de crisis

Durante los años de la gran crisis económica, las condiciones de vida y los derechos laborales de la clase obrera han sido brutalmente reducidos en la mayoría de los países. También en la mayoría de los casos, es un hecho el recrudecimiento generalizado de la represión de la lucha social y la reducción de derechos políticos y democráticos en general. España no es una excepción, pero sí un caso especialmente exagerado (en comparación con otros países europeos) porque aquí la crisis ha durado mucho más (6-7 años) y nuestra clase obrera absorbió con estupor y sin mucha resistencia todos los golpes. Los pensionazos y reformas laborales de Zapatero, las reformas laborales y de pensiones de Rajoy, la ley mordaza y la modificación del Código Penal se sumaron a todas las reformas laborales anteriores, las leyes antiterroristas, la ley de extranjería, mientras los representantes de las grandes federaciones sindicales garantizaban la paz social y firmaban aumentos de horas de trabajo, reducciones de los salarios nominales y despidos de manera generalizada. La burguesía salvó sus bancos privados con dinero público, mientras negaba la sanidad pública a los inmigrantes y recortaba el subsidio a los parados. Millones de personas sin trabajo, pobreza extendida también entre los que tienen trabajo, emigración de dos millones de personas (nacionales y extranjeras), deshaucios de las viviendas, suicidios, incluso hambre, mientras ninguna voz se levantaba contra ello. PSOE e IU se dedicaron a vegetar incluso en el parlamento. La huelgas prácticamente desaparecieron: los huelguistas anuales pasaron de 650.000 en 2009 a 183.129 en 2016. Y las burocracias sindicales acostumbraron a la clase obrera a jornadas sueltas de paro por objetivos cada vez de mayor retroceso (uno típico fue “ofrecer rebajas salariales por menos despedidos”). Desde entonces el trabajo “fijo” es un bien para unos pocos privilegiados de cierta edad. La precariedad en todos los grados posibles es la única norma hasta el máximum legal: el ejército de falsos autónomos “subcontratados” por las empresas, incluidas las públicas, que ya no tienen ni derecho a paro ni a cobrar las bajas médicas cortas ni a futura pensión que no sea de hambre, ni a ningún tipo de indemnización por despido, puesto que no hay un contrato laboral.

El Estado, corrupto hasta la médula

La corrupción política de los años del despilfarro continuó en todos los partidos con posiciones de gobierno al nivel que fuera (local, autonómico o estatal), incluso a la monarquía al más alto nivel. Pero la reducción del pastel provocó grandes enfrentamientos hasta dar lugar a filtraciones cruzadas de mafias en competencia: los “casos” fueron tomando forma gracias sobre todo a este método y acabaron provocando la abdicación del rey, la disolución de CiU, una gravísima crisis en el PSOE y finalmente el hundimiento del gobierno Rajoy y probablemente del PP, del cual judicialmente se ha demostrado que es una organización recaudadora de masivos sobornos empresariales. Han sido años de plomo de los que la clase sale desapegada de los sindicatos tradicionales (¿cómo confiar en esos dirigentes amorrados al Estado?), y también de los viejos partidos que se autodenominan “de izquierda”, que forman un todo político y económico con el aparato del Estado burgués (PSOE, y los residuos PCE-IU). Las asambleas de mayo del 2011 fueron un signo de cambio en el ambiente. Miles de jóvenes (muchos de ellos parados y otros muchos procedentes de capas pequeño-burguesas pauperizadas repentinamente por la crisis) mostraron una búsqueda de algo nuevo, sobre todo enrabiados por el contraste de la situación general de las masas con el lujo visible procedente de la corrupción (el lujo real de la alta burguesía es habitualmente muy discreto y lejano a los medios de comunicación). Nadie en este tiempo ha trabajado por organizar tendencias revolucionarias en las grandes organizaciones sindicales. De hecho, son organizaciones muertas, sin asambleas de sección, sin reuniones, sin congresos democráticos dignos de ese nombre, sin más vida que las conspiraciones aparatiles exacerbadas, porque están en quiebra financiera. El porcentaje de la clase obrera sindicalizada disminuye continuamente a causa tanto del desapego como de la extrema precariedad. A nivel político, el desapego, las inquietudes, la búsqueda de “algo nuevo” ha sido rápidamente dirigido a un nuevo aparato político (Podemos) apoyado descaradamente desde un medio de comunicación y cuya organización abierta y lenguaje radical de los primeros meses ha dejado paso a lo mismo de siempre: un partido dirigido con mano de hierro por el líder (Iglesias) con posiciones políticas calcadas de IU, basadas en la colaboración de clases para “moderar” con “reformas” los peores efectos del capitalismo sobre las masas no burguesas (objetivo imposible, por cierto, que se lo pregunten a los griegos). Podemos ha sido creado para suplir las funciones del PSOE allí donde ese partido ya no tiene arraigo y cumple muy bien esa función sobre todo entre la pequeña burguesía, pero no parece que haya conseguido la menor relación con la clase obrera, ni siquiera simplemente electoral.

La mayor crisis política de la Monarquía postfranquista

Parecería que con una clase obrera silenciada políticamente y casi sindicalmente, sometida a una represión inusitada (hay centenares de sindicalistas enjuiciados por acciones simples y cada día gotean nuevos) debería dar lugar a un paraíso político para la clase dominante. Pero, justamente, es al contrario: Al no tener que hacer frente común contra la clase enemiga y encontrarse con un recorte tan drástico del pastel a repartir, todas las contradicciones internas de la burguesía afloran y se exacerban en la competición por la parte más grande o siquiera por la defensa de sus territorios de control. Esto, que ha sido una de las razones del destape de la corrupción, también forma parte de la explicación de la crisis con Cataluña y la caída final del gobierno del PP con el voto de todos los grandes partidos burgueses “periféricos”. La burguesía española no ha conseguido jamás centralizarse en un único partido burgués que asimilara las componentes vasca y catalana. Y aunque ni una ni la otra quieren ni tienen ningún interés real en independizarse, saben muy bien levantar la vieja reivindicación democrática no resuelta del derecho a la autodeterminación porque responde a un sentimiento real de las masas (especialmente pequeñoburguesas). Un sentimiento que tanto el PNV como PDCAT-ERC alimentan y deforman de manera controlada, para utilizarlo en las negociaciones con Madrid. El “procés” catalán, sin embargo, no ha sido simplemente la maniobra habitual. El enfrentamiento con el PP y su gobierno (del que tantas veces han sido aliados los burgueses catalanes) ha ido tan lejos que, en este momento, las cúpulas de los partidos catalanes están en la cárcel o exiliados. Y las penas que pueden recaerles son muy importantes. Rajoy jugó fuerte contra la burguesia catalana y empujó a los dirigentes del “procés” hasta donde ni ellos mismos nunca creyeron que llegaran. La victoria del gobierno era obvia, (tenía el beneplácito del PSOE y, en último término, el ejército), como también lo era la sumisión dócil y vergonzosa de los supuestos proclamadores de la república a la convocatoria de elecciones monárquicas y la aplicación del Art. 155. Pero la Monarquía ha sufrido un severo desgaste. No tiene raíces en las masas, tiene miembros condenados por corrupción en un proceso que hasta el juez instructor afirma que quien también debería haber sido imputado Juan Carlos rey. El actual rey Felipe se creyó obligado a intervenir públicamente en apoyo del gobierno. Pero ahora ese gobierno y ese partido se han desmoronado bajo una sentencia por corrupción de gran envergadura. La “cuestión catalana” no sólo no está resuelta, sino que es uno de los principales problemas del nuevo gobierno PSOE, conformado para sortear la crisis política más profunda que hemos vivido desde la muerte de Franco y el hundimiento de la UCD. La caída de Rajoy y el gobierno de Pedro Sánchez han sido presentadas y vistas por las masas como una especie de victoria, pero en realidad se trata de una operación de salvación . El gobierno del PSOE es un gobierno burgués con miembros de gran confianza para el sistema. Ciudadanos, el partido creado para sustituir al PP en su muerte anunciada, ha opinado que ellos no lo hubieran elegido mejor. Los comentarios sobran.

El acuerdo CEOE-CCOO-UGT

Las direcciones de UGT y CCOO, en su habitual línea de colaboración de clases, acaban de firmar un acuerdo con la patronal por el que garantizan la paz social en la medida de sus posibilidades. En el acuerdo, renuncian en nombre de toda la clase obrera a recuperar el poder adquisitivo perdido por los salarios durante los años de la crisis (alrededor del 9 % de media), pactan agilizar el despido individual para ahorrar salarios de trámite a las empresas y aceptan que cualquier mal momento de la empresa se cargue contra los salarios y la Seguridad Socal (ya bien arruinada por el gobierno Rajoy). ¿ A cambio de qué? De buenas palabras. Mientras todos los medios han anunciado que los salarios mínimos de convenio subirán a 1.000€, el acuerdo, en este punto, se limita a “recomendar”. No es extraño, por tanto, que la CEOE se desviviera por firmar bien rápido.

Las escasas medidas que efectúe Pedro Sánchez sólo van a tener por objetivo incrementar el score electoral del PSOE. No tiene mayoría parlamentaria para hacer nada relevante en terrenos presupuestario y legislativo (con algunas excepciones). Pero no le importa, porque no quiere hacer nada relevante. Será un gobierno de mantenimiento del statu quo (que ya es mucho, dada la putrefacción general del Estado), con gestos de márketing hacia los trabajadores. L’affaire Aquarius es una muestra de que nos espera: publicidad llorosa de tan humanitario como es nuestro nuevo gobierno (y nuestras alcaldías), pero cuando lleguen los migrantes serán tratados como todos los demás: cárcel inhumana en los CIE y expulsión. Ni las reformas laborales, ni los pensionazos ni la ley Mordaza, ni la modificación del Código Penal van a ser puestos en cuestión. Tampoco se indultará a los presos sindicales, sociales y políticos, incluido los del gobierno catalán. Ni se darán instrucciones a las fiscalías para sobreseer todas las causas de la ley Mordaza y los delitos de odio, blasfemia e injurias a la corona. Como mucho, se acercará los presos catalanes a Cataluña…otro gesto de márketing vacío. Para el resto, las detenciones por delitos aberrantes continúan día a día, con todo el calvario que significa para los militantes el proceso judicial y la cárcel. Con la mayoría que tiene el gobierno, podría aceptar la convocatoria de un referéndum democrático en Cataluña, donde se pudiera decidir libremente y en paz las relaciones con el resto del Estado Español (incluida su separación), pero nada ni lejanamente parecido está entre las intenciones de un partido que votó a favor de la aplicación del art. 155. Los trabajadores no pueden esperar nada bueno de este gobierno, ni del PSOE, ni de Podemos, que todos los días pide formar parte de él, ni de las burocracias sindicales que viven del presupuesto del Estado. Del mismo modo que dentro de los sindicatos no hay resistencia real a las burocracias, nadie en este tiempo ha planteado la necesidad de una nueva organización política de la clase obrera sin lazos con el cadáver putrefacto de la burguesía en cualquiera de sus expresiones territoriales. En medio de esta grave crisis política, cuando por fin rebrotan las huelgas (se han triplicado en un año) y movilizaciones (pensionistas, mujeres trabajadoras), es un momento propicio para luchar por construir un partido con programa revolucionario que recoja desde las reivindicaciones más elementales de supervivencia hasta el camino hacia la toma del poder por el proletariado. Que plantee con claridad la necesidad de la independencia de clase para desarrollarlo. Que promueva la lucha obrera capaz de hacer retroceder a la burguesía. Nosotros sí lo hacemos. Otros dicen que lo hacen, pero mientras lo dicen están dentro de la CUP, apoyando a la burguesía catalana, o en Bildu, colaborando con la vasca, o en IU o Podemos, apoyando a la española. Hay mucho trabajo por hacer y hacen falta muchos cerebros y manos. El gobierno del PSOE, a la salvación de la monarquía putrefacta

La clase obrera en retroceso, durante los años de crisis

Durante los años de la gran crisis económica, las condiciones de vida y los derechos laborales de la clase obrera han sido brutalmente reducidos en la mayoría de los países. También en la mayoría de los casos, es un hecho el recrudecimiento generalizado de la represión de la lucha social y la reducción de derechos políticos y democráticos en general. España no es una excepción, pero sí un caso especialmente exagerado (en comparación con otros países europeos) porque aquí la crisis ha durado mucho más (6-7 años) y nuestra clase obrera absorbió con estupor y sin mucha resistencia todos los golpes. Los pensionazos y reformas laborales de Zapatero, las reformas laborales y de pensiones de Rajoy, la ley mordaza y la modificación del Código Penal se sumaron a todas las reformas laborales anteriores, las leyes antiterroristas, la ley de extranjería, mientras los representantes de las grandes federaciones sindicales garantizaban la paz social y firmaban aumentos de horas de trabajo, reducciones de los salarios nominales y despidos de manera generalizada. La burguesía salvó sus bancos privados con dinero público, mientras negaba la sanidad pública a los inmigrantes y recortaba el subsidio a los parados. Millones de personas sin trabajo, pobreza extendida también entre los que tienen trabajo, emigración de dos millones de personas (nacionales y extranjeras), deshaucios de las viviendas, suicidios, incluso hambre, mientras ninguna voz se levantaba contra ello. PSOE e IU se dedicaron a vegetar incluso en el parlamento. La huelgas prácticamente desaparecieron: los huelguistas anuales pasaron de 650.000 en 2009 a 183.129 en 2016. Y las burocracias sindicales acostumbraron a la clase obrera a jornadas sueltas de paro por objetivos cada vez de mayor retroceso (uno típico fue “ofrecer rebajas salariales por menos despedidos”). Desde entonces el trabajo “fijo” es un bien para unos pocos privilegiados de cierta edad. La precariedad en todos los grados posibles es la única norma hasta el máximum legal: el ejército de falsos autónomos “subcontratados” por las empresas, incluidas las públicas, que ya no tienen ni derecho a paro ni a cobrar las bajas médicas cortas ni a futura pensión que no sea de hambre, ni a ningún tipo de indemnización por despido, puesto que no hay un contrato laboral.

El Estado, corrupto hasta la médula

La corrupción política de los años del despilfarro continuó en todos los partidos con posiciones de gobierno al nivel que fuera (local, autonómico o estatal), incluso a la monarquía al más alto nivel. Pero la reducción del pastel provocó grandes enfrentamientos hasta dar lugar a filtraciones cruzadas de mafias en competencia: los “casos” fueron tomando forma gracias sobre todo a este método y acabaron provocando la abdicación del rey, la disolución de CiU, una gravísima crisis en el PSOE y finalmente el hundimiento del gobierno Rajoy y probablemente del PP, del cual judicialmente se ha demostrado que es una organización recaudadora de masivos sobornos empresariales. Han sido años de plomo de los que la clase sale desapegada de los sindicatos tradicionales (¿cómo confiar en esos dirigentes amorrados al Estado?), y también de los viejos partidos que se autodenominan “de izquierda”, que forman un todo político y económico con el aparato del Estado burgués (PSOE, y los residuos PCE-IU). Las asambleas de mayo del 2011 fueron un signo de cambio en el ambiente. Miles de jóvenes (muchos de ellos parados y otros muchos procedentes de capas pequeño-burguesas pauperizadas repentinamente por la crisis) mostraron una búsqueda de algo nuevo, sobre todo enrabiados por el contraste de la situación general de las masas con el lujo visible procedente de la corrupción (el lujo real de la alta burguesía es habitualmente muy discreto y lejano a los medios de comunicación). Nadie en este tiempo ha trabajado por organizar tendencias revolucionarias en las grandes organizaciones sindicales. De hecho, son organizaciones muertas, sin asambleas de sección, sin reuniones, sin congresos democráticos dignos de ese nombre, sin más vida que las conspiraciones aparatiles exacerbadas, porque están en quiebra financiera. El porcentaje de la clase obrera sindicalizada disminuye continuamente a causa tanto del desapego como de la extrema precariedad. A nivel político, el desapego, las inquietudes, la búsqueda de “algo nuevo” ha sido rápidamente dirigido a un nuevo aparato político (Podemos) apoyado descaradamente desde un medio de comunicación y cuya organización abierta y lenguaje radical de los primeros meses ha dejado paso a lo mismo de siempre: un partido dirigido con mano de hierro por el líder (Iglesias) con posiciones políticas calcadas de IU, basadas en la colaboración de clases para “moderar” con “reformas” los peores efectos del capitalismo sobre las masas no burguesas (objetivo imposible, por cierto, que se lo pregunten a los griegos). Podemos ha sido creado para suplir las funciones del PSOE allí donde ese partido ya no tiene arraigo y cumple muy bien esa función sobre todo entre la pequeña burguesía, pero no parece que haya conseguido la menor relación con la clase obrera, ni siquiera simplemente electoral.

La mayor crisis política de la Monarquía postfranquista

Parecería que con una clase obrera silenciada políticamente y casi sindicalmente, sometida a una represión inusitada (hay centenares de sindicalistas enjuiciados por acciones simples y cada día gotean nuevos) debería dar lugar a un paraíso político para la clase dominante. Pero, justamente, es al contrario: Al no tener que hacer frente común contra la clase enemiga y encontrarse con un recorte tan drástico del pastel a repartir, todas las contradicciones internas de la burguesía afloran y se exacerban en la competición por la parte más grande o siquiera por la defensa de sus territorios de control. Esto, que ha sido una de las razones del destape de la corrupción, también forma parte de la explicación de la crisis con Cataluña y la caída final del gobierno del PP con el voto de todos los grandes partidos burgueses “periféricos”. La burguesía española no ha conseguido jamás centralizarse en un único partido burgués que asimilara las componentes vasca y catalana. Y aunque ni una ni la otra quieren ni tienen ningún interés real en independizarse, saben muy bien levantar la vieja reivindicación democrática no resuelta del derecho a la autodeterminación porque responde a un sentimiento real de las masas (especialmente pequeñoburguesas). Un sentimiento que tanto el PNV como PDCAT-ERC alimentan y deforman de manera controlada, para utilizarlo en las negociaciones con Madrid. El “procés” catalán, sin embargo, no ha sido simplemente la maniobra habitual. El enfrentamiento con el PP y su gobierno (del que tantas veces han sido aliados los burgueses catalanes) ha ido tan lejos que, en este momento, las cúpulas de los partidos catalanes están en la cárcel o exiliados. Y las penas que pueden recaerles son muy importantes. Rajoy jugó fuerte contra la burguesia catalana y empujó a los dirigentes del “procés” hasta donde ni ellos mismos nunca creyeron que llegaran. La victoria del gobierno era obvia, (tenía el beneplácito del PSOE y, en último término, el ejército), como también lo era la sumisión dócil y vergonzosa de los supuestos proclamadores de la república a la convocatoria de elecciones monárquicas y la aplicación del Art. 155. Pero la Monarquía ha sufrido un severo desgaste. No tiene raíces en las masas, tiene miembros condenados por corrupción en un proceso que hasta el juez instructor afirma que quien también debería haber sido imputado Juan Carlos rey. El actual rey Felipe se creyó obligado a intervenir públicamente en apoyo del gobierno. Pero ahora ese gobierno y ese partido se han desmoronado bajo una sentencia por corrupción de gran envergadura. La “cuestión catalana” no sólo no está resuelta, sino que es uno de los principales problemas del nuevo gobierno PSOE, conformado para sortear la crisis política más profunda que hemos vivido desde la muerte de Franco y el hundimiento de la UCD. La caída de Rajoy y el gobierno de Pedro Sánchez han sido presentadas y vistas por las masas como una especie de victoria, pero en realidad se trata de una operación de salvación . El gobierno del PSOE es un gobierno burgués con miembros de gran confianza para el sistema. Ciudadanos, el partido creado para sustituir al PP en su muerte anunciada, ha opinado que ellos no lo hubieran elegido mejor. Los comentarios sobran.

El acuerdo CEOE-CCOO-UGT

Las direcciones de UGT y CCOO, en su habitual línea de colaboración de clases, acaban de firmar un acuerdo con la patronal por el que garantizan la paz social en la medida de sus posibilidades. En el acuerdo, renuncian en nombre de toda la clase obrera a recuperar el poder adquisitivo perdido por los salarios durante los años de la crisis (alrededor del 9 % de media), pactan agilizar el despido individual para ahorrar salarios de trámite a las empresas y aceptan que cualquier mal momento de la empresa se cargue contra los salarios y la Seguridad Socal (ya bien arruinada por el gobierno Rajoy). ¿ A cambio de qué? D e buenas palabras. Mientras todos los medios han anunciado que los salarios mínimos de convenio subirán a 1.000€, el acuerdo, en este punto, se limita a “recomendar”. No es extraño, por tanto, que la CEOE se desviviera por firmar bien rápido.

Las escasas medidas que efectúe Pedro Sánchez sólo van a tener por objetivo incrementar el score electoral del PSOE. No tiene mayoría parlamentaria para hacer nada relevante en terrenos presupuestario y legislativo (con algunas excepciones). Pero no le importa, porque no quiere hacer nada relevante. Será un gobierno de mantenimiento del statu quo (que ya es mucho, dada la putrefacción general del Estado), con gestos de márketing hacia los trabajadores. L’affaire Aquarius es una muestra de que nos espera: publicidad llorosa de tan humanitario como es nuestro nuevo gobierno (y nuestras alcaldías), pero cuando lleguen los migrantes serán tratados como todos los demás: cárcel inhumana en los CIE y expulsión. Ni las reformas laborales, ni los pensionazos ni la ley Mordaza, ni la modificación del Código Penal van a ser puestos en cuestión. Tampoco se indultará a los presos sindicales, sociales y políticos, incluido los del gobierno catalán. Ni se darán instrucciones a las fiscalías para sobreseer todas las causas de la ley Mordaza y los delitos de odio, blasfemia e injurias a la corona. Como mucho, se acercará los presos catalanes a Cataluña…otro gesto de márketing vacío. Para el resto, las detenciones por delitos aberrantes continúan día a día, con todo el calvario que significa para los militantes el proceso judicial y la cárcel. Con la mayoría que tiene el gobierno, podría aceptar la convocatoria de un referéndum democrático en Cataluña, donde se pudiera decidir libremente y en paz las relaciones con el resto del Estado Español (incluida su separación), pero nada ni lejanamente parecido está entre las intenciones de un partido que votó a favor de la aplicación del art. 155. Los trabajadores no pueden esperar nada bueno de este gobierno, ni del PSOE, ni de Podemos, que todos los días pide formar parte de él, ni de las burocracias sindicales que viven del presupuesto del Estado. Del mismo modo que dentro de los sindicatos no hay resistencia real a las burocracias, nadie en este tiempo ha planteado la necesidad de una nueva organización política de la clase obrera sin lazos con el cadáver putrefacto de la burguesía en cualquiera de sus expresiones territoriales. En medio de esta grave crisis política, cuando por fin rebrotan las huelgas (se han triplicado en un año) y movilizaciones (pensionistas, mujeres trabajadoras), es un momento propicio para luchar por construir un partido con programa revolucionario que recoja desde las reivindicaciones más elementales de supervivencia hasta el camino hacia la toma del poder por el proletariado. Que plantee con claridad la necesidad de la independencia de clase para desarrollarlo. Que promueva la lucha obrera capaz de hacer retroceder a la burguesía. Nosotros sí lo hacemos. Otros dicen que lo hacen, pero mientras lo dicen están dentro de la CUP, apoyando a la burguesía catalana, o en Bildu, colaborando con la vasca, o en IU o Podemos, apoyando a la española. Hay mucho trabajo por hacer y hacen falta muchos cerebros y manos.