¡Abajo la guerra imperialista y sionista contra Irán! ¡Abajo la invasión de Israel en el Líbano!

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Estados Unidos e Israel no tienen la situación completamente bajo control

Desde el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel estánn bombardeado Irán sin parar. El imperialismo estadounidense no tenía un interés vital e inmediato en iniciar esta guerra. Contrariamente a lo que Trump afirmó, como Bush lo había hecho en 2003 con las llamadas armas de destrucción masiva, para justificar la guerra de Irak, Irán aún estaba lejos de poseer la bomba nuclear y los misiles balísticos intercontinentales para lanzarla. Se estaban llevando a cabo negociaciones sobre estos temas, y el régimen iraní, debilitado por las sanciones económicas, las derrotas militares de sus aliados y la creciente determinación de las masas de derrocarlo, estaba, además, dispuesto a hacer concesiones para preservar lo esencial. Pero esta fue una oportunidad para que Trump afirmara ante sus rivales y competidores que el imperialismo estadounidense ahora tiene el control global, para avanzar con su aliado sionista en la reconfiguración de un Oriente Medio bajo su dominio y para privar a su principal adversario, China, de los recursos petroleros de Irán.

Ormuz

Trump estaba convencido de que el régimen iraní colapsaría en cuanto los primeros ataques lo decapitaran, allanando el camino para facciones dispuestas a someterse a su voluntad. ¿Acaso no había logrado obligar a Venezuela a someterse y tomado el control de sus recursos petroleros tras una simple demostración de fuerza y una operación de comandos? Pero la caída del régimen iraní, esgrimida al comienzo de la guerra para justificar la agresión imperialista, no se materializó. Aunque muchos de sus dirigentes murieron, el régimen de los mulás no cedió ni se fragmentó. Al contrario, reforzó su control y reprimió cualquier atisbo de oposición, movilizando a una parte significativa de la población contra la agresión imperialista. A pesar de la destrucción masiva de sus instalaciones militares, Irán continúa defendiéndose y no tiene intención de capitular. Irán aún controla la navegación en el estrecho de Ormuz y conserva capacidades de misiles y drones que infligen daños significativos a las instalaciones de petróleo y gas de las monarquías petroleras del Golfo e incluso logran penetrar las defensas israelíes. Aproximadamente cuarenta plantas de producción ya se han visto afectadas, lo que requiere reparaciones que en ocasiones serán prolongadas, impidiendo así cualquier retorno a la producción normal en un futuro próximo. Estas consecuencias acumuladas han provocado una grave crisis energética mundial que ya está impactando severamente en muchos países asiáticos. El precio del petróleo ha aumentado cerca de un 50 % desde el inicio de la guerra, los mercados bursátiles están convulsionados, las tasas de interés de los bancos centrales están subiendo junto con la inflación, la producción mundial se está ralentizando y una parte significativa del comercio mundial se ve gravemente afectada.

Trump se ha metido en un callejón sin salida

Presentada por Trump como "una excursión", esta guerra, que no debía durar, se agudiza día a día. El gobierno estadounidense se encuentra en un callejón sin salida. Tras los bombardeos a las instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025, logró detener repentinamente los ataques, proclamando la victoria. Hoy le resulta imposible, salvo a costa de desacreditarse por completo y, con ello, al imperialismo estadounidense. A pesar de sus declaraciones triunfalistas, no ha conseguido nada decisivo, e Irán continúa tomando represalias. La lógica militar, basada en la superioridad del armamento estadounidense e israelí sobre Irán, parece dictar la continuación e intensificación de la ofensiva. Pero la producción militar estadounidense no está diseñada para ocupar un país de más de 87 millones de habitantes, ni para bombardearlo durante meses. Los refuerzos que llegan a la región están agotando las bases en otros continentes, especialmente los recursos en Asia, para hacer frente a la China imperialista.

Además, la guerra es impopular en Estados Unidos, incluso entre los partidarios de Trump, quienes, tras las experiencias de Irak y Afganistán, habían prometido poner fin a las aventuras militares en el extranjero. De hecho, ya se están llevando a cabo manifestaciones contra la agresión en curso.

La guerra, cuanto más dure, más impopular se volverá, especialmente si se despliegan tropas sobre el terreno y sufren bajas. Le cuesta a Estados Unidos mil millones de dólares al día, y el Pentágono acaba de solicitar al Congreso 200 mil millones de dólares adicionales para financiar su continuación. Si bien Estados Unidos es el principal productor mundial de petróleo y gas, los precios en las gasolineras, tanto allí como en otros lugares, están alineados con los precios del mercado global, lo que beneficia a las empresas petroleras estadounidenses pero no a los automovilistas estadounidenses. Además, la perspectiva de una desaceleración del crecimiento mundial, la inflación provocada por el fuerte aumento de los precios de los productos petrolíferos que se extenderá a todos los sectores de la economía, el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transitan no solo petróleo y gas, sino también fertilizantes, helio esencial para la fabricación de chips informáticos, etc., todo esto preocupa a los principales grupos capitalistas, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. De ahí el dilema de Trump y su indecisión: forzar negociaciones con Irán para salir de la guerra lo antes posible o intensificar la ofensiva, movilizar tropas y prometer desatar el infierno.

¡No le corresponde al imperialismo, sino a las masas iraníes decidir!

El imperialismo estadounidense y su aliado sionista afirmaron al inicio de la guerra que su objetivo era liberar a las masas iraníes de la dictadura islamista. Repetida hasta la saciedad por todos los medios burgueses y promovida por los defensores del retorno a la monarquía Pahlavi, tanto dentro como fuera de Irán, esta fábula se vuelve cada vez más inverosímil a medida que el imperialismo estadounidense demuestra su disposición a negociar con el régimen o con alguna de las facciones que espera que surjan. Esta ilusión, fomentada deliberadamente por los partidarios del imperialismo, constituye una traición al movimiento de masas iraní contra el régimen.

Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, una poderosa movilización chocó con las milicias armadas del régimen y fue brutalmente reprimida. Los agresores imperialistas se aseguraron de que este movimiento de masas independiente fuera sofocado por la dictadura antes de lanzar su guerra. Sus bombas no buscan liberar a las masas iraníes, sino someterlas a un nuevo amo, incluso a costa de la destrucción del país, si fuera necesario. Tampoco las agresiones imperialistas en Irak, Afganistán ni Libia liberaron a las masas. Ahora, el pueblo iraní no solo debe luchar contra la feroz represión del régimen, sino también protegerse lo mejor posible de las bombas imperialistas. El imperialismo estadounidense también intenta instrumentalizar a los grupos armados kurdos iraníes que han establecido bases en el vecino Irak, para convertirlos en auxiliares del ejército estadounidense. La lucha del pueblo kurdo por establecer su propio Estado independiente es totalmente legítima. Se encuentra en conflicto directo con las potencias iraní, turca, iraquí y siria, y solo puede triunfar aliándose con la clase trabajadora de estos países para que estos regímenes sean derrocados por las masas.

Los trabajadores del Kurdistán iraní deben recordar que el imperialismo estadounidense acaba de abandonar a los kurdos de Siria a manos del régimen islamista. Deben buscar la unidad con el proletariado de todo Irán contra la agresión imperialista y para derrocar la dictadura islamista.

En caso de un ataque imperialista contra un país oprimido, nosotros, comunistas internacionalistas, nos solidarizamos con ese país contra el imperialismo, sin brindar, sin embargo, apoyo político alguno a su régimen ni a su burguesía nacional. Esto se aplica tanto a Irán como a Ucrania y Venezuela. En Irán, el movimiento obrero debe priorizar la organización independiente de las masas para la defensa del país contra la agresión imperialista y el derrocamiento del régimen islamista, la movilización de soldados en el ejército y la confraternización con la tropa, el armamento de las masas, la autoorganización de las masas en los shoras y la instauración de un gobierno obrero y campesino.

¡Ni el Sah, ni los ayatolás, ni los títeres al servicio del imperialismo!

¡Defensa incondicional de Irán contra la agresión imperialista! ¡Armamento de los trabajadores!

¡Abajo la dictadura islamista! ¡Disolución de la Guardia Revolucionaria y la Basij! ¡La religión es un asunto privado! ¡ Separación del Estado y el clero chiíta!

¡Por la liberación de los presos políticos! ¡Por todas las libertades democráticas (libertad de expresión, libertad de asociación, derechos de las mujeres, derecho a la huelga, derecho a la manifestación…)! ¡Por el derecho a la autodeterminación de las minorías nacionales, incluido el derecho a la separación!

¡Autodefensa de las manifestaciones! ¡Creación de shoras en lugares de trabajo, barrios, áreas de estudio y cuarteles!

¡Gobierno obrero y campesino basado en los shoras! ¡Federación Socialista de Asia Occidental!

La huida hacia delante del sionismo

Israel no tiene los mismos problemas que Estados Unidos. Sin embargo, los problemas de Estados Unidos corren el riesgo de convertirse en parte de los de Israel. La mayoría de la población, alentada por la unidad nacional de todos los partidos a favor de la guerra, apoya actualmente tanto la ofensiva contra Irán como la que se dirige contra Líbano. El objetivo del Estado sionista es sumir a Irán en el caos, eliminar a una potencia regional rival para asegurar su control sobre toda la región. Netanyahu ha declarado que quiere doblegar a Irán, e Israel está haciendo todo lo posible para que la continuación de la guerra sea inevitable, prolongarla lo máximo posible y asegurar que la destrucción de la infraestructura civil y militar en Irán aumente. Por eso, Israel bombardea depósitos de petróleo en Teherán, el yacimiento de gas de South Pars y asesina a dirigentes iraníes que habían iniciado negociaciones indirectas con Estados Unidos. Pero Israel no tiene la fuerza para librar una guerra prolongada contra Irán por sí solo. Necesita absolutamente ayuda de Estados Unidos: financiera, en términos de equipamiento, reabastecimiento de combustible para sus aviones, inteligencia satelital, etc. Cuando Trump declaró en junio de 2025 que el balance era positivo tras doce días de bombardeos contra Irán, Israel también tuvo que cesar sus ataques. Israel aprovechó el pretexto del lanzamiento de algunos cohetes por parte de Hezbolá en respuesta a la agresión imperialista contra Irán el 28 de febrero para lanzar una nueva invasión del Líbano. El ejército sionista está destruyendo sistemáticamente pueblos y aldeas, empujando a un millón de refugiados —más de una sexta parte de la población total— al otro lado del río Litani, y luego destruyendo los puentes que lo cruzan, impidiendo así su regreso. Además, está asesinando a periodistas libaneses.

Esta operación no es simplemente una represalia militar. Es similar al genocidio que se está llevando a cabo en Gaza. El objetivo es preparar la anexión total del 10% del territorio libanés, como ya hizo Israel con los Altos del Golán, arrebatados a Siria. Los bombardeos masivos en Beirut y hasta el norte del Líbano aterrorizan a la población y buscan desalentar cualquier resistencia. Existen 12 campos de refugiados palestinos en el Líbano reconocidos por la UNRWA, además de varios asentamientos informales, que albergan a más de 220.000 palestinos, muchos de ellos en el sur del Líbano y al sur y este de Beirut, donde se concentran los ataques aéreos israelíes. La UNIFIL, supuestamente encargada de supervisar el alto el fuego acordado el 26 de noviembre de 2024, no ha intervenido ante las violaciones diarias de este alto el fuego por parte de Israel y ahora tampoco ha logrado detener la invasión. Los principales países imperialistas, incluida Francia, la antigua potencia mandataria, están incurriendo en una hipocresía flagrante, apoyando de hecho la ofensiva sionista. Francia condena enérgicamente la resistencia de Hezbolá, intenta ayudar al Estado libanés a desarmarlo y, posteriormente, se limita a pedir cortésmente a Israel que cese su ofensiva y acepte negociar bajo su patrocinio. Israel afirma querer desarmar permanentemente a Hezbolá, al igual que afirma querer erradicar a Hamás en Gaza. Hezbolá surgió en respuesta a la ocupación israelí del sur del Líbano en 1978, y nuevamente entre 1982 y 2000, ocupación centrada en perseguir a militantes palestinos. Hezbolá es una organización reaccionaria, islamista y burguesa, subordinada a los ayatolás iraníes, que busca integrarse en el Estado burgués libanés y al que ya le ha proporcionado varios ministros. Sin embargo, al carecer de una organización obrera revolucionaria, muchos chiíes libaneses se están uniendo a Hezbolá para intentar resistir la agresión sionista, del mismo modo que los palestinos de Gaza apoyan mayoritariamente a Hamás contra Israel. Es la opresión sionista la que alimenta constantemente la renovación de los combatientes en Hamás y Hezbolá.

Al mismo tiempo, Israel continúa su ocupación y estrangulamiento de la Franja de Gaza, mientras que los colonos y el ejército intensifican sus abusos y la actividad de asentamientos en Cisjordania. El sionismo se ha embarcado en una escalada implacable. Pero Israel no puede, por sí solo, sostener una guerra prolongada contra Irán, mantener una ocupación permanente del sur del Líbano e imponer un régimen de terror contra los palestinos. A pesar del apoyo militar y financiero inquebrantable del imperialismo estadounidense y el respaldo de otras potencias imperialistas, la reciente movilización de 400.000 reservistas adicionales fracturará inevitablemente la unidad nacional en torno a Netanyahu. En Israel, las primeras manifestaciones contra la guerra ya han tenido lugar el 22 y el 29 de marzo.

¡Abajo la agresión israelí contra el Líbano!

¡Israel fuera del Líbano, la Franja de Gaza, Cisjordania y Siria!

¡Los reservistas israelíes deben negarse a servir a la política de anexión de su gobierno!

¡Frente Único Obrero para organizar el boicot al envío de armas a Israel!

¡Abajo el estado colonial de Israel! ¡Upor una Palestina unificada, democrática, laica, multilingüe y socialista!

¡Federación Socialista de Oriente Medio!

¡Contra el imperialismo, para preparar la revolución!

Las repercusiones internacionales de esta guerra están alterando el equilibrio de poder. Rusia está recuperando ingresos por la venta de gas y petróleo para financiar su guerra de agresión contra Ucrania. Ucrania está siendo privada de suministros de armas, en particular de sistemas de defensa aérea, que el imperialismo estadounidense ahora reserva para su aliado Israel y las monarquías del Golfo.

Trump instó a los demás miembros imperialistas de la OTAN a involucrarse militarmente para garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, pero todos se negaron. «Esta no es nuestra guerra», declaró el canciller Merz, para gran enfado de Trump, quien a su vez los tildó de «cobardes» y se dirige cada vez más claramente a abandonar la OTAN. De hecho, este marco de alianza interimperialista, surgido de la Segunda Guerra Mundial, ya no responde a las necesidades del imperialismo estadounidense, que ahora debe atacar a algunos de sus antiguos aliados para asegurar el mantenimiento de su dominio mundial.

El imperialismo chino observa con preocupación cómo el imperialismo estadounidense ataca sus posiciones internacionales en Latinoamérica y ahora en Oriente Medio. El resultado de esta guerra será decisivo. O bien el imperialismo estadounidense se ve obligado a retirarse sin haber logrado aplastar a Irán, y el imperialismo chino saca partido de ello, o bien se precipitará hacia una escalada militar y una guerra sin cuartel, y el imperialismo chino se verá obligado a abandonar la prudente actitud expectante que mantiene por el momento. En cualquier caso, la agresión imperialista contra Irán acerca al mundo un poco más a una nueva guerra mundial entre las principales potencias imperialistas.

Para los trabajadores de todo el mundo, no existe un campo bueno entre todos los imperialismos beligerantes.

Los sindicatos y los partidos que hablan en nombre de los trabajadores deben tomar una postura firme a nivel mundial para detener y derrotar la agresión imperialista en Irán y el colonialismo sionista en el Líbano. Deben convocar de inmediato manifestaciones masivas y bloqueos a la producción y el transporte de armas de los agresores.

¡Abajo la OTAN! ¡Contra los programas de rearme de la Unión Europea, el Reino Unido y Japón! ¡Ni un dólar, ni un yuan, ni un euro, ni un yen, ni una libra, ni un rublo para la escalada militar!

¡Contra el poder y los beneficios asesinos de la industria militar: expropiación y control obrero de todas las empresas armamentísticas y sus subcontratistas!

Solo la clase trabajadora puede poner fin a la escalada de los depredadores imperialistas por el control del mundo:

¡Tropas y bases estadounidenses fuera de Europa y de todos los continentes! ¡Tropas rusas fuera de Ucrania! ¡Retirada de tropas, fuerzas navales y aéreas españolas, británicas, francesas, italianas, alemanas, etc., del Mediterráneo, Europa Central, Oriente Medio o África!

¡Sustitución dal ejército permanente por una milicia de autodefensa, inextricablemente vinculada a los lugares de trabajo, los barrios obreros, los campos y las universidades!

¡Gobierno obrero! ¡Federación Socialista Mundial!

29 de marzo de 2026