Editorial internacional Kreta Cirklo nº 15: Una situación mundial en alta tensión

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Todas las contradicciones que se desarrollan en la sociedad capitalista mundial se encuentran actualmente en grave tensión. La progresiva disminución de la tasa de ganancia, que determina las inversiones capitalistas, alimenta la competencia y las tensiones entre las burguesías nacionales de los grandes actores mundiales, como USA, China, Rusia, Japón, Gran Bretaña y los países de la UE. El traslado de las consecuencias de estas tensiones a la política interna y sobre las masas de cada país está impulsando la militarización, la dominación del gran capital en el mercado de la vivienda, los ataques al poder adquisitivo de los salarios y al derechos laborales y sociales. Todo ello produce en todos los países un fuerte empobrecimiento de la población de rentas medias y bajas, en definitiva de la clase trabajadora y las capas inferiores de la pequeña burguesía. La insatisfacción social se vuelve a menudo explosiva, pero la carencia de una perspectiva real de cambio revolucionario hacia el socialismo es un importante estímulo que alimenta el crecimiento de la influencia de los partidos y grupos fascistas en extensos sectores.

La administración Trump quiere un nuevo reparto del poder imperialista mundial

Tras un año en la presidencia de los EE.UU., la administración Trump desarrolla una política internacional dirigida a desmantelar aceleradamente las viejas relaciones de relativo equilibrio con los otros grandes países imperialistas de Europa y Asia y las «zonas de influencia» de cada cual. Quiere rehacer esas relaciones en función de una estrategia abiertamente belicista, diseñada para el enfrentamiento con el adversario económico fundamental, China. Por eso anuncia el descuelgue de los EE.UU. de cualquier alianza, institución o acuerdo anterior (OTAN, ONU, acuerdos de control ambiental o de armas nucleares, etc.) que pueda trabar el objetivo de recolocar la hegemonía mundial norteamericana en el planeta. Por eso refuerza a pasos agigantados la toma de control y la expulsión de China del «hemisferio occidental» que considera de su propiedad (todas las Américas y Groenlandia, de momento) y organiza agresiones políticas, económicas y militares en todos los continentes. Secuestra el presidente de Venezuela y la convierte directamente en una colonia administrada por un virrey desde Washington, ahoga criminalmente Cuba, ataca Irán iniciando una guerra de inciertas consecuencias, refuerza el estado de Israel y sus agresiones en Oriente Medio, despliega alianzas (AUKUS) en la región de la Indo-Pacífico para amenazar China, envía tropas y financia guerras y golpes de estado en África y por todas partes.

Trump

Europa tampoco se libra. El viejo continente, salpicado de bases militares yanquis, es tratado por Trump públicamente como hacen los capos de la mafia más clásica: a los países supuestamente aliados se les amenaza de tomar todo aquello que le interese a los EE.UU. (¡Groenlandia!), se les obliga a pagar para ser «protegidos», se intenta dislocar por todos el medios las alianzas entre ellos (especialmente a la Unión Europea, ya debilitada por el Brexit), se les empuja a renunciar a la energía barata procedente de Rusia y a comprar gas licuado y petróleo bajo el control de las empresas norteamericanas, se les exige multiplicar el gasto militar hasta la locura del 5% del PIB, se arranca el derecho de saqueo de los recursos minerales de Ucrania. Por otro lado, a pesar de todo el esfuerzo de imponer al resto del planeta la expulsión de Rusia del mercado mundial, a Trump no le incomoda financiar mano a mano con Putin a los partidos fascistas y filofascistas europeos, ni le impide ofrecerle al presidente de Rusia negocios privados conjuntos para la explotación de un nuevo gasoducto europeo. De la misma manera que puede negociar amigablemente con Putin el control del Ártico y la división de Ucrania, a espaldas no solo de los pueblos interesados, sino también de las potencias capitalistas europeas.

Con la nueva administración, los EE.UU. se han lanzado sin complejos a recuperar y ampliar el control de la energía, las materias primas estratégicas, las cadenas de suministro, los mercados, las finanzas y los sistemas de comunicación mundiales. Nada verdaderamente nuevo respecto a las administraciones anteriores - demócratas o republicanas - pero ahora con la brutalidad expresada como arma principal incuestionable para obtener rápidamente lo que se desea de amigos y enemigos, y con la ideología ultra-reaccionaria, obscurantista, machista, racista, negacionista climática y, en resumen, fascista, como bandera de guerra interior y exterior.

El lema de Trump, «hacer de nuevo grande a América» (MAGA) si bien implica aranceles de todo tipo, no significa una política «aislacionista» que «acabará con todas las guerras interminables», tal como hizo creer a sus votantes de 2024. Bien al contrario, está significando la puesta en disposición de todas las fuerzas del Estado yanqui para forzar a su favor un cambio radical en el reparto del mundo.

Pero las contradicciones internas y externas en los EE.UU. no se pueden eludir por la simple voluntad de un gobierno decidido. La economía capitalista actual está tan integrada a nivel mundial que el propio aparato productivo de los EE.UU., como su mercado de consumo de masas, son totalmente dependientes de los suministros del exterior, muy especialmente de productos de China. Y este país no está dispuesto a plegarse sin combate ni a perder las importantísimas posiciones internacionales que ha obtenido en las últimas décadas.

La administración Trump avanza y recula de manera anárquica, exacerbando las contradicciones al exterior pero también en el interior de su burguesía yanqui. La muestra más reciente de ello la hemos tenido el 20 de febrero, con la anulación - por una Corte Suprema de mayoría republicana - de toda la nueva política arancelaria, seguida de la imposición inmediata de aranceles generalizados del 10 %, modificados en 24 horas al 15%.

Trump ha conseguido expulsar a China de los puertos del Canal de Panamá, pero el gobierno chino solo tuvo que anular la compra de soja norteamericana y amenazar con bloquear el suministro de tierras raras, para parar en seco, a niveles soportables, la guerra arancelaria. Igualmente, la amenaza a Dinamarca de tomar militarmente Groenlandia, ha acabado de manera ridícula (momentáneamente) con un retroceso, pero después de crear una crisis interna en el propio Partido Republicano y de obligar a las burguesías europeas a reconocer públicamente que ya no están invitados a la tabla de los gigantes y que tienen miedo de convertirse en el menú de la lucha entre ellos:

Friedrich Merz, ha avisado de la vuelta de la "política de las grandes potencias" al panorama internacional, insistiendo en que Europa tiene que entender que está en riesgo su propia libertad por el auge de estas potencias "El orden mundial ya no existe". Con esta declaración inequívoca, el canciller alemán, Friedrich Merz, ha inaugurado este viernes la Conferencia de Seguridad de Múnich y proclamó el fin del marco estratégico sobre el que Europa ha vivido durante décadas. "Europa acaba de regresar de unas vacaciones de la Historia", ha afirmado, en una autocrítica inusualmente dura sobre la vulnerabilidad del continente, antes de admitir la raíz del problema: "Nadie nos obligó a esta dependencia excesiva de Estados Unidos. Esta dependencia fue autoinfligida".(El Mundo, 13 de febrero de 2026)

La exacerbación de las contradicciones entre todas las burguesías mundiales, la escalada armamentista y la formación de bloques con base económica y militar alrededor y entre los dos polos centrales, EE.UU.-China están, por lo tanto, al orden del día y marcan el presente y el futuro inmediato con el signo de la preparación para la guerra (o las guerras) inter-imperialistas. Un presente y un futuro al que tienen que hacer frente los proletariados y las masas oprimidas de cada país por no convertirse en las víctimas de la miseria, los sufrimientos, la destrucción y la muerte que desatarán las luchas de los poderosos para defender y ampliar sus privilegios.

Todos los estados imperialistas se preparan para la guerra

Los gobiernos capitalistas norteamericano, ruso, británico, de la UE, chino, japonés, canadiense, etc., ya dedican inmensas cantidades de dinero público hacia la militarización del sus países, mientras atacan los gastos “de interés menor” procedentes de concesiones a la lucha de la clase obrera después de décadas, como por ejemplo los sistemas de pensiones, la enseñanza y la sanidad públicas o las garantías de apoyo social para los más desfavorecidos. Además, refuerzan el autoritarismo interior del Estado burgués para disciplinarse como clase bajo una dirección fuerte y poder encarar en mejores condiciones el inevitable ascenso de la lucha defensiva de la clase obrera y las capas pauperizadas de la población.

La razón profunda de la nueva situación de rivalidad por-bélica se encuentra en el declive general de la tasa de ganancia, con un crecimiento muy escaso de las economías dominantes, a pesar del aumento sustancial de la producción armamentística. En los EE.UU., el sector más rentable y que parece que mantiene el PIB con números positivos, el de la IA, se encuentra en una evidente burbuja especulativa que todo el mundo teme que pueda explosionar a corto plazo, dejando que el sistema financiero y todo el aparato productivo desarrolle una crisis de gravedad similar a la del 2008.

A esto hay que sumar la evidencia de que la realidad material del planeta no permite mantener el nivel de depredación de los recursos naturales alcanzado por la codicia capitalista. Incapaces de colaborar para intentar revertir o al menos frenar la crisis ecológica que se desarrolla, las burguesías más poderosas, que ayer se mostraban preocupadas, están optando para eliminar las pocas limitaciones de respeto ecológico que se habían autoimpuesto colectivamente y que «encarecen» la producción. Todo ello acelerará inevitablemente el desastre ecológico global y añadirá motivos de confrontación entre estados, como por ejemplo la lucha por el control de los menguantes recursos hídricos. En esta cuestión, como en la política de terror contra los migrantes y otras ultra-reaccionarias, es Trump quien va a la vanguardia marcando el paso, pero detrás de él los países de la Unión Europea ya hablan de «desregulación» temporal y no tardarán en imitarlo, aunque melindrosa e hipócritamente.

La clase obrera norteamericana se levanta. La clase obrera mundial lucha

En política interior, la administración Trump.2 intenta implementar las recomendaciones de la Fundación Heritage, su oráculo ideológico y programático (Proyecto 2025, de carácter neofascista), y ha anunciado desde el principio su intención librar el país de molestas futuras elecciones, gestionándolo como los CEO de Amazon o Google, con centralización absoluta del poder en las manos presidenciales, sin control parlamentario, ni siquiera de su partido, sin reconocimiento de derechos laborales ni sindicales y sometiendo los Estados federales a su voluntad incuestionable. «Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer». «Un pueblo, un imperio, un líder» era el eslogan de los nazis.

En la misma línea, Trump anuncia que no reconocerá las limitaciones constitucionales a sus objetivos (p.e. en relación a la nacionalidad por nacimiento o a la regulación de las elecciones federales), ha depurado el alto mando militar y utiliza el ejército contra las protestas de la población civil en los territorios de sus adversarios políticos. Además, ha convertido ICE en un cuerpo policial especial directamente bajo su mando, con licencia para secuestrar, detener en campos de concentración y deportar migrantes (supuestos), sin control judicial. Y con impunidad para matar, si de Trump dependiera, como ha explicado en las redes sociales. Si sigue adelante el proyecto presupuestario actualmente paralizado en el parlamento por el Partido Demócrata, el presupuesto de ICE se triplicará ¡superando la financiación combinada del FBI, ATF, DEA, Servicio de Alguaciles y Oficina de Prisiones!

Es todo un programa de golpe de estado para preparar el país para las nuevas glorias imperiales bajo un liderazgo único. Ante él, el Partido Demócrata ha quedado todo un año en estado de confusión, limitándose a confiar su resistencia al sistema judicial (que también controlan en gran medida los republicanos) y a atrasar un poco la aprobación de los presupuestos, para acabar aprobándolos por miedo de ser acusados de paralizar el sagrado Estado.

Pero la clase obrera ha entrado plenamente en el escenario político defendiendo su fracción más desprotegida. En mayo-junio de 2025, estallaron protestas masivas contra la política migratoria de Trump y se extendieron rápidamente desde Los Angeles a todo el país ( ver La clase obrera de los Estados Unidos se levanta contra la política migratoria de Trump ). Ahora, en febrero de 2026, a partir de Minnesota, miles de personas vuelven a manifestarse en las calles, se enfrentan con la policía, exigen la liberación de los detenidos a las puertas de las comisarías, utilizan una gran maraña de organizaciones de autodefensa contra la barbarie policial, piden la abolición de ICE y la solidaridad de las organizaciones obreras de todo el país. Trump se ha visto forzado a la retirada parcial de los matones de ICE. El Partido Demócrata ha protagonizado un bloqueo temporal de los presupuestos de seguridad interior, en un nuevo intento de desviar la rabia de las masas hacia ilusiones en el parlamento burgués y en el mismo PD. Y en el seno del Partido Republicano aparecen cada vez más grietas y voces que plantean los peligros de mantener la brutalidad del programa Trump.2, sobre todo en lo que se relaciona con las subvenciones a los seguros médicos y la política migratoria, que afectan tan duramente a las masas trabajadoras y amenazan la estabilidad social.

Como en los EE.UU., las clases obreras de todo el mundo buscan defenderse contra el estado de explotación, miseria y opresión crecientes a que les somete la sociedad capitalista. Lo demuestran la sublevación recientemente aplastada en Irán, la huelga general indefinida en Panamá, las movilizaciones explosivas de la juventud de Serbia o Marruecos, las rebeliones en Nepal y Bangladesh, las oleadas de huelgas en la India o Indonesia, pasando por la histórica movilización mundial contra el genocidio sionista en Palestina. Incluso las huelgas obreras del año 2021 contra la política de confinamiento, en China sometida a la bota de hierro del estado totalitario capitalista, creado y controlado por el Partido Comunista.

Si quieres luchar contra la guerra, prepara la revolución mundial

En todos los continentes, incluido el europeo y en nuestra tierra, el problema es el mismo. Las movilizaciones de los oprimidos, incluso las más explosivas, raramente logran sus reivindicaciones; y cuando lo hacen, son finalmente recuperadas por la clase dominante. Porque la burguesía dispone de todo tipo de medios materiales e ideológicos para el mantenimiento de su dominio, pero el proletariado y las masas explotadas habitualmente están dirigidos por burocracias sindicales y políticas que dependen de la clase enemiga y trabajan para ella. En ningún lugar disponen de partidos revolucionarios que tengan claros los objetivos y los medios para acabar definitivamente con el mundo capitalista y construir la sociedad mundial de la racionalidad y solidaridad de los trabajadores y trabajadoras, del socialismo. Construir esos partidos y esa internacional obrera revolucionaria, ahora que se anuncia un nuevo nivel de barbarie con la preparación de la guerra inter-imperialista, es más urgente que nunca.