Para cerrar el paso a la reacción PP-VOX no es suficiente votar:

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¡Hay que organizarse como clase para acabar definitivamente con todas las miserias del capitalismo!

Las elecciones generales del 23 de julio se presentan en el Estado Español como una encrucijada política, con grandes posibilidades de que el binomio PP-VOX consiga la mayoría absoluta, forme gobierno y se prepare para arrasar con su política reaccionaria todo lo que pueda de las conquistas sociales: desde los derechos laborales, de las mujeres y de las minorías sexuales o de las nacionalidades sometidas a la monarquía, hasta los pocos derechos y garantías de los trabajadores migrantes.

Esta situación se da después de la experiencia de las últimas elecciones municipales y autonómicas, marcadas por una gran abstención en el campo de las clases trabajadoras (la cuarta más alta de la historia post-franquista). Y es el resultado de la gran desafección de importantes capas de trabajadores y trabajadoras, que no han visto que el gobierno de Pedro Sánchez (PSOE-PCE-Podemos) derogara ninguno de los grandes ataques reaccionarios de los gobiernos anteriores del PP (ni las reformas laborales, ni la ley mordaza, ni la reforma del código penal). Tampoco han visto ninguna voluntad real de solucionar la burbuja gigante del precio de la vivienda, que no requiere de parches ridículos como la recientemente promulgada Ley de la Vivienda, que respeta los actuales precios de los alquileres y toda la propiedad y el poder oligopolístico de los grandes tenedores de viviendas: bancos y fondos buitres. Y tampoco han visto que, a pesar de toda la palabrería hipócrita inicial, mejorara la política respecto a los migrantes pobres. Para muestra, la felicitación del gobierno a los cuerpos de seguridad después de la masacre de casi 100 migrantes desesperados en la valla de Melilla en junio de 2022.

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En la misma línea, los indultos parciales a algunos de los dirigentes independentistas catalanes no han escondido la falta de voluntad del gobierno de Pedro Sánchez de acceder a la reivindicación democrática básica de que cada pueblo oprimido del Estado Español pueda ejercer su derecho a disponer de sí mismo y a elegir sus relaciones con el resto, incluida la separación, si así lo desea mayoritariamente.

Las migajas reformistas del actual gobierno - para aliviar momentáneamente las dificultades de las familias y hacer frente al precio de los alimentos, la energía y vivienda - no han reducido las colas de hambre de los bancos de alimentos ni desacelerado los desahucios. Del mismo modo que los impuestos temporales sobre el gran capital no han cambiado el hecho dramático de que la inmensa mayoría de los ingresos del estado proviene de los impuestos que recaen permanentemente sobre las clases trabajadoras.

En cuanto a los gastos presupuestarios, se han mantenido y ampliado las subvenciones a las iglesias (sobre todo a la católica) y se han multiplicado las militares, para apoyar con entusiasmo al reforzamiento imperialista del OTAN, con la excusa de la invasión de Ucrania por Rusia.

El desarraigo de una parte de las masas trabajadoras respecto a los grandes partidos que de una manera u otra dicen representarlos se refuerza, más todavía, con la palabrería ideológica burguesa que estos partidos han asumido, y que consiste en esconder toda referencia a las clases sociales enfrentadas, bajo las etiquetas turbias de «derechas» y «izquierdas». De este modo, la conciencia de clase obrera se debilita todavía más y las direcciones de esas organizaciones (PSOE-IU-PCE-Podemos-Compromís-CUP-BILDU-BNG, etc, y ahora el monstruo fabricado ad hoc, SUMAR) pueden aliarse con partidos burgueses (p.ej. PNV, Junts...) y acomodarse a la gestión reformista de las miserias del capitalismo.

Ahora, estas elecciones se manifiestan como un hito deformado de la lucha de clases para cerrar el paso a la negra reacción del PP-VOX. Pero el proletariado y las masas trabajadoras no tienen ninguna auténtica representación política de sus intereses, como han demostrado los partidos que han apoyado en el gobierno de Pedro Sánchez. Por eso, si bien es legítimo votar a cualquier organización que se reclame de la defensa de la clase obrera, tiene que hacerse desde la seguridad de que la única manera real y definitiva de frenar la reacción política, pero también de poner fin a la precariedad de nuestra vida y la del planeta que nos aloja, es organizarse como clase y luchar.

Acabar con el capitalismo, construir una nueva sociedad de trabajadores y trabajadoras, sin explotación ni ningún tipo de opresión, exige construir un verdadero partido obrero en cada país y una internacional revolucionaria a escala mundial. Pongamos manos a la obra ya. ¡¡¡Es urgente!!!

IKC, 16 de julio de 2023