Ahora más que nunca: huelga general por la derogación de la ley contra las pensiones

Durante meses, los dirigentes sindicales de la CFDT-CGT-FO-UNSA ... han estado discutiendo con el gobierno un proyecto que no era negociable. Luego, a partir del 19 de enero, su "intersindical" ha recogido firmas para una petición y convocado 8 jornadas de "huelgas y manifestaciones". Ante el aumento de la rabia, algunos dirigentes sindicales (CGT, FO, SUD, UNSA...) y sus consultores (PCF, LFI, LO, NPA, RP, UCL...) han añadido válvulas de escape: acciones minoritarias en las carreteras, huelgas reconducibles aisladas en algunos sectores (SNCF [ferrocarriles nacionales], refinerías, recogida de basuras...), negativa a supervisar las pruebas de bachillerato, etc.

Al mismo tiempo, los partidos reformistas admiradores del general De Gaulle (PS, PCF, LFI) han intentado enmendar en el Parlamento un proyecto de ley que no podía ser enmendado. Obviamente, todo esto no ha impedido que el gobierno llegara al final de su calendario y aprobara su contrarreforma. Sin embargo, siendo el acuerdo con LR [Les Républicains, derecha gaullista] demasiado frágil para garantizar una mayoría segura, el 16 de marzo Macron y Borne decidieron utilizar el artículo 49.3 de la constitución gaullista, del mismo modo que lo habían hecho antes 10 veces en menos de un año, para aprobar sus presupuestos, igual que han utilizado los artículos 47.2 y 44.3 para forzar y limitar los debates sobre este proyecto. ¡Y no es cantando la Marsellesa en el hemiciclo, el 16 de marzo, acompañados por los diputados de RN [Rassemblement national, el partido de Marie Le Pen] como van a hacer temblar a la burguesía!

A pesar de todo, miles de obreros y estudiantes no han aceptado el resultado parlamentario. En la noche del 16 de marzo, se reunieron espontáneamente en París y en muchas otras ciudades. No cantaban la Marsellesa, sino que gritaban: "El parlamento puede votar, pero la calle lo retirará", "¡Emmanuel Macron, presidente de la patronal, vamos a por ti!". Los cuerpos de represión los dispersaron violentamente en todas las localidades.

Desde entonces, los policías atacan a los piquetes mientras el gobierno fuerza a trabajar a una parte de los basureros, en huelga en París, y de los trabajadores de refinerías y depósitos. Un punto en el que el gobierno, LR y RN están de acuerdo. Desde entonces, la plaza de la Concorde y los Campos Elíseos están prohibidos para cualquier manifestante y la policía reprime en todas partes. Le Pen se compadece de la policía (21 de marzo).

El PS, el PCF y la LFI no quieren la huelga general, que es la forma más segura de preservar las pensiones, de aumentar los salarios, de abrir el camino a un gobierno de los trabajadores. Esto les lleva a formar bloques sin principios y a sembrar ilusiones en la 5ª república. Ayer todo les parecía bien (incluido Macron) frente a Le Pen; ahora se alían con los que dicen ¡fuera Borne! (incluido Le Pen).

El 20 de marzo, en nombre de la eficacia, se unieron en una moción de censura llamada "transpartidista" con los votos de los partidos burgueses EELV, LIOT, RN y los disidentes de LR. La moción fue rechazada por pocos votos y la ley fue aprobada.

El PCF pide un referéndum (RIP) y apela al Consejo Constitucional (que no es más democrático que el 49.3).

Contra la huelga general, todos hacen creer que las papeletas (en un referéndum o elecciones anticipadas), lo harán mejor que la fuerza unida de los trabajadores.

LFI confía en la sabiduría de Macron: "O retira su reforma para ser razonable o convoca [contra él] al pueblo" (Mathilde Panot, 20 de marzo).

Las direcciones sindicales nadan en las mismas aguas turbias:

Duteil (SUD): "La situación es explosiva, no hay que añadir nada más".

Teste (FSU): "Hacemos un llamamiento al Presidente de la República para que tome las medidas de apaciguamiento necesarias".

Martinez (CGT) llama a "renovar" las huelgas, a "generalizar las huelgas", a "una consulta ciudadana".

Los burócratas quieren evitar al capitalismo francés la "explosión social" (su carta a Macron del 7 de marzo), por lo que la intersindical se contentó con declarar una novena "jornada de acción" el 23 de marzo. La dispersión, el legalismo, la negativa a convocar una huelga general dejan la puerta abierta de par en par a la violencia estúpida y minoritaria de los camorreros y otros black blocs.

La dimisión de Borne, la remisión al Consejo Constitucional, el referéndum, son todo señuelos que se oponen a la lucha de clase proletaria. Las "jornadas de acción" son impotentes y las huelgas "reconducibles" aíslan a los sectores en lucha i dividen a la clase obrera.

No es demasiado tarde. El gobierno tiene su ley aprobada pero está debilitado por las disensiones en el seno de la burguesía. Hay que pasar de las huelgas a la huelga, todos juntos y al mismo tiempo. No para "construir" o para "durar", sino para ganar. En las manifestaciones, los sindicatos y las asambleas generales deben abrirse paso estas reinvindicaciones:

¡No a las órdenes a huelguistas para volver obligatoriamente al trabajo! ¡no a la represión contra los trabajadores y los jóvenes! ¡Autodefensa contra la policía y los camorreros!

Dirigentes sindicales ¡basta de fingimientos! ¡llamad a la huelga general inmediata hasta la derogación de la ley Macron!

21 de marzo de 2023

Groupe marxiste internationaliste

[sección francesa del Colectivo Revolución Permanente- CoReP]

https://groupemarxiste.info/