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Evo Morales, presidente de la república entre 2006 y 2019, y su sucesor Luis Arce, elegido en 2020, presentados junto a Chávez en Venezuela como faros de la construcción del socialismo en América Latina, en realidad dirigieron el Estado burgués como Napoleones, sin atacar realmente a la burguesía. Concedieron algunas medidas y reformas aquí y allá, gracias a los ingresos del gas, pero rápidamente barridas o vaciadas de contenidi por las inexorables necesidades del capitalismo. En 2025, debido a la impotencia del ala nacionalista de la burguesía, el ala proimperialista ganó las elecciones generales. Su representante es Rodrigo Paz Peireira (32% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en agosto, 55% en la segunda en octubre), miembro del Partido Demócrata Cristiano y fundador del movimiento “Primero la Gente”, con promesas de acabar con la corrupción, endémica bajo el régimen del caudillo Morales, y de responder a la situación económica de las clases populares, sumidas en la crisis.
En diciembre, el primer asalto de las masas fracasó
Por supuesto, apenas elegido, Paz relegó sus promesas al terreno de las promesas engañabobos y comenzó a implementar las políticas necesarias para la burguesía. Mediante decreto del 17 de diciembre, que consta de no menos de 120 artículos, eliminó los subsidios públicos al combustible, lo que provocó que los precios de la gasolina se duplicaran de la noche a la mañana, y desencadenó reacciones en cadena de aumentos en todos los productos de primera necesidad; sometió a impuestos a los trabajadores autónomos del sector informal, vendedores ambulantes, etc., mientras que simultáneamente cancelaba o reducía los impuestos sobre el capital y las grandes fortunas; abrió la distribución de licencias mineras a capitalistas nacionales y extranjeros, sin tener en cuenta a las poblaciones indígenas ni al medio ambiente, etc.
Para las masas, que ya sufrían una alta inflación, esto era insoportable. Liderada por los trabajadores del transporte, privados de sus medios de subsistencia, la resistencia se extendió rápidamente. El 18 de diciembre, el sindicato CSUTCB convocó a los agricultores a manifestarse, la FSTMB a los mineros y la CTEUB a los docentes. A ellos se unieron trabajadores de otros sectores industriales y organizaciones indígenas. El 19 de diciembre, ante la determinación y la magnitud de las manifestaciones, la federación sindical COB se vio obligada a convocar una huelga indefinida, que inmediatamente se apresuró a torpedear. En realidad, no hubo una huelga general; solo se vio afectado el sector del transporte. Pero la lucha continuó, especialmente con bloqueos de las principales ciudades.
La COB está dirigida por burócratas acostumbrados a coadministrar el Estado burgués con el régimen de Morales, a maniobrar para evitar cualquier amenaza política al gobierno. En lugar de convocar a una huelga general, la ocupación de empresas y oficinas gubernamentales, la autodefensa y el derrocamiento del gobierno, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de la COB negocia con el gobierno y reconoce su legitimidad. Pero la movilización se intensifica. El 5 de enero, 500.000 obreros y campesinos marcharon juntos en La Paz, exigiendo la renuncia del presidente Rodrigo Paz. La dirección de la COB se ve obligada a retirarse de las negociaciones. Y se organizó una gigantesca manifestación para el 12 de enero.
El 11 de enero, el gobierno llegó a un acuerdo con la dirección de la COB a espalda de las masas. Se mantenía la fijación de los precios del combustible según el mercado, pero se aprobaba un modesto aumento salarial del 20% y un mínimo incremento de las pensiones. Las demás medidas del decreto se mantenían. A cambio, la dirección de la COB exigió la reincorporación al trabajo y el levantamiento de los bloqueos. Sin embargo, el 12 de enero, a pesar del acuerdo infame, las comunidades campesinas mantuvieron 52 bloqueos de carreteras, pero el gobierno aprovechó su aislamiento para intensificar la represión. Con la ayuda decisiva de la dirección de la COB, se canalizó la cólera de las masas y se perdió una oportunidad inicial.
En abril, la clase trabajadora, los campesinos pobres y las minorías étnicas reanudaron la lucha
En apenas unas semanas, la inflación absorbó los escasos aumentos salariales. El gobierno de Paz, envalentonado por la complicidad de la burocracia sindical, retomó sus ataques contra la protección laboral, privatizando empresas mineras y energéticas estratégicas y erosionando aún más la educación y la sanidad públicas. El 10 de abril, el gobierno emitió un decreto destinado a eliminar la inembargabilidad de las tierras de pequeños agricultores y comunidades indígenas frente a la expropiación, para permitir si agrupamiento en beneficio de los de grupos capitalistas agroindustriales, además de la deforestación.
La movilización de las masas resurgió. Ya el 8 de abril, decenas de organizaciones indígenas de la región de Pando, en la Amazonía, comenzaron a marchar hacia La Paz. Esta marcha en forma de estrella, que evocaba las históricas Marchas por el Territorio y la Dignidad, sirvió de catalizador. En el camino, se unieron los estudiantes, los empleados municipales, los maestros y los jubilados.
Simultáneamente, el sindicato de trabajadores de la salud convocó a una jornada de 24 horas de acción. El 31 de marzo, miles de trabajadores rodearon el palacio de gobierno. El 1 de mayo , la COB (Unión Central de Trabajadores) convocó una asamblea abierta en la ciudad obrera de El Alto. La presión de las bases fue tan intensa que la dirigencia ya no pudo eludir sus responsabilidades. Ante decenas de miles de personas, la dirección de la COB anunció una huelga general indefinida que comenzaría al día siguiente, 2 de mayo.
El movimiento se extiende: los bloqueos de carreteras paralizan las vías de acceso a La Paz y los trabajadores del transporte urbano interrumpen el servicio de autobuses. Sin embargo, los dirigentes de la COB y las federaciones sindicales se oponen a la huelga general, lo que tensa las relaciones entre las bases y la dirigencia. Los trabajadores exigen que los dirigente sindicales no negocien por separado con el gobierno.
Sin embargo, no hay realmente una huelga general organizada, ni un comité central nacional de huelga que lidere la lucha, ni organizaciones de autodefensa que protejan los bloqueos de carreteras y las manifestaciones, ni consejos de trabajadores, campesinos y estudiantes que representen a todas las masas en la lucha por derrocar al aparato burocrático, tomar la dirección de la lucha y ser una alternativa de poder.
El gobierno aprovechó la situación e intensificó la represión. El 26 de mayo, el parlamento autorizó al gobierno a declarar el estado de emergencia. La policía y el ejército atacaron manifestaciones y bloqueos de carreteras. Cientos de manifestantes fueron arrestados, incluyendo líderes sindicales, y siete personas murieron. Al mismo tiempo, el gobierno invitó a la dirigencia de la COB a negociar, pero esta, a pesar de su deseo de hacerlo, se negó a dar el primer paso. El 2 de junio, los trabajadores presentes en la multitudinaria asamblea abierta en El Alto rechazaron unánimemente las negociaciones propuestas por el gobierno y obligaron a la dirigencia de la COB a boicotearlas.
Peligrosas ilusiones en la burocracia sindical
Dentro del mundo de las organizaciones obreras, la corriente morenista (LORCI du CRP-CI, MST de la LIS…), aunque hable de «crisis orgánica» (PTS) o de «revolución » (MST), se manifiesta incapaz de hacer frente a la situación:
¡Por comités de coordinación por la huelga general, hasta que caiga el gobierno e imponer un gobierno provisional de las organizaciones obreras, campesinas, indígenas-originarias y populares en lucha! (CRP-CI, Declaración Internacional, 6 de junio)
¿Por qué un gobierno "provisional" de organizaciones obreras y campesinas? ¿Por qué "comités de coordinación para la huelga general" y no, simplemente, la huelga general en sí, junto con comités de huelga elegidos y revocables, centralizándose para reivindicar el poder? Cuando paraliza la producción, el transporte, la administración y el aparato económico del país, la huelga general plantea inevitablemente la pregunta: ¿quién debe gobernar la sociedad? ¿La burguesía o los trabajadores? Por eso exige órganos electos que la dirijan, estructuras de autodefensa que la protejan y una centralización nacional capaz de sustituir al estado burgués.
Sin comités de huelga elegidos y con posibilidad de ser revocados, sin coordinación nacional, sin milicias obreras y campesinas, la huelga general corre el riesgo de ser una demostración de fuerza impresionante pero políticamente incompleta. Por el contrario, cuando los propios trabajadores toman la iniciativa en la lucha, la huelga general puede convertirse en el puente entre la movilización de masas y una insurrección victoriosa.
Precisamente por eso, la batalla contra la burocracia sindical no es una cuestión organizativa secundaria. Surge directamente de la necesidad de transformar la huelga general en una lucha consciente por el poder.
A pesar de que las direcciones sindicales burocráticas boicotean la huelga general y protegen al Estado burgués, los centristas siembran ilusiones en ellas.
La COB dejó de ser un simple sindicato y pasó a convertirse en un órgano de poder dual… Es deber de las direcciones actuales llevar al doble poder al triunfo. (LIS, Entrevista a Juan José Villa, dirigente del MST de Bolivia, 20 de mayo)
Actualmente, sin hacer nada por efectivizar la huelga general, la dirigencia de la COB parece jugarse al desgaste. (Matías Maiello & Josefina L. Martínez, Rebelión en Bolivia, soluciones de fuerza y tendencias a las crisis orgánicas en América Latina, 9 de junio)
La dirección de COB parece reacia a implementar los medios necesarios para organizar la huelga general y está adoptando una estrategia de desgaste. (Matías Maiello y Josefina Martínez, PTS Argentina, Las lecciones estratégicas de la rebelión boliviana y la crisis orgánica en América Latina, 9 de junio)
La COB no es un soviet central, aunque solo sea porque el 79% de los trabajadores urbanos se encuentran en el sector informal. La burocracia sindical no ha adoptado una "estrategia de desgaste": el agente de la burguesía sabotea la huelga general para proteger el capitalismo boliviano.
Jamás se puede confiar en la burocracia sindical vertical y corrupta (el salario oficial de los dirigentes sindicales oscila entre 15.000 y 20.000 bolivianos, mientras que el salario mínimo en el sector formal es de 2.500). Para transformar la COB en un soviet, habría que imponer la democracia obrera y enfrentarse a su burocracia. Sin embargo, no existen tendencias lucha de clases de la LOR y el MST dentro de los sindicatos bolivianos como tampoco del FIT dentro de los sindicatos argentinos, ni ninguna fracción revolucionaria de la LO, RP, NPA, POI, etc., dentro de los sindicatos franceses.
Al sembrar ilusiones sobre la corrupta dirección de la COB, que adopta una "estrategia de desgaste", y al presentar a los "dirigentes actuales" como la encarnación del "doble poder", la LOR-CI y, aún más, el MST, sustituyen la lucha consciente contra la burocracia traidora por una adaptación oportunista. Esto resulta en un típico deslizamiento centrista: en lugar de luchar por consejos democráticos y contra el aparato vendido a la burguesía, se declara que la dirección actual es la portadora de las perspectivas revolucionarias. Queda así eclipsada la cuestión estratégica central: la lucha por la independencia política de la clase obrera contra todas las direcciones reformistas, pequeñoburgueses y nacionalistas burguesas. Pero precisamente porque no existe ni autoorganización ni autodefensa, la tarea fundamental de hoy en día es ponerla en marcha. La construcción de un partido proletario revolucionario se vuelve superflua de esta manera: bastaría con ponerse tras las direcciones tradicionales e impulsarlas en la dirección correcta.
Esta falsa ilusión, que a partir de 1948 intoxicó a la dirección europea de la IV Internacional liderada por Pablo, Mandel y Frank, y que condujo a la revisión del programa en 1951 (la reforma del estalinismo, el frente único antiimperialista), destruyó la Internacional y dio lugar a un oportunismo desenfrenado, tanto en Argentina (en forma de posadismo, que desapareció sin dejar rastro, y morenismo, precursor del PTS, MST, IS, NMAS, etc.) como en Bolivia. El POR, liderado por Lora, fracasó en 1952 al capitular ante el partido nacionalista burgués MNR y la burocracia COB (José Villa, La Revolución Boliviana, Poder Obrero Bolivia, 1992) y en 1970-1971 alineándose con el ala nacionalista del ejército y la mayoría reformista de la Asamblea Popular, incluyendo la dirección del COB (Tim Wohlforth, Bolivia: Amargo Lecciones de la derrota, Workers League USA, 1971). Es esta falsificación de la 4ª Internacional de la que se reclaman la LIS y la CRP-CI, la MST y la LOR-CI morenista de Bolivia.
La situación plantea la apremiante cuestión de la autodefensa
Los dirigentes de COB convocaron una reunión ampliada del CEN el 14 de junio, la cual fue cancelada debido a la presencia de grupos fascistas. El día 16, fascistas de la UJC atacaron a los piquetes en San Juan.
Mientras tanto, los pomposos "teóricos" del PTS argentino invocan a Gramsci para justificar que la situación inmediata es... "peligrosa".
Decía Gramsci que: En cierto punto de su vida histórica los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales, o sea que los partidos tradicionales en aquella determinada forma organizativa, con aquellos determinados hombres que los constituyen, los representan y los dirigen no son ya reconocidos como su expresión por su clase o fracción de clase. Cuando estas crisis tienen lugar, la situación inmediata se vuelve delicada y peligrosa, porque el campo queda abierto a soluciones de fuerza… (Matías Maiello & Josefina L. Martínez, Rebelión en Bolivia, soluciones de fuerza y tendencias a las crisis orgánicas en América Latina, 9 de junio)
Gramsci tenía la excusa de escribir esto en prisión, bajo la atenta mirada de los censores del régimen fascista italiano, lo cual no ocurre con los dirigentes del PTS en Argentina. Estos últimos, al igual que el MST, forman parte de la coalición electoral FIT en Argentina, que habla mucho de una asamblea constituyente pero nunca aboga por la autodefensa ni por una milicia obrera.
La situación se torna peligrosa para las masas porque la clase dominante se apoya en el aparato represivo del Estado y en bandas fascistas. Desde este punto de vista, los líderes del MST y del LOR-CI resultan inútiles.
Quien no se prepare para la insurrección armada debe ser expulsado sin piedad de las filas de los partidarios de la revolución, y situado entre sus adversarios, los traidores o los cobardes. (Lenin, Las lecciones de la insurrección de Moscú, 1906)
El proletariado urbano, los campesinos trabajadores, las minorías indígenas y los estudiantes que se han sumado al pueblo deben defenderse, formando una milicia obrera y campesina con los sindicatos y las organizaciones de masas para prepararse para la insurrección y la dictadura del proletariado. Los reclutas deben organizarse para negarse a reprimir al pueblo y para usar sus armas contra los oficiales que los reprimen.
Mientras exista el capitalismo, la represión violenta del movimiento obrero es un peligro latente... Para rechazar a las bandas fascistas y a los rompehuelgas, forjamos piquetes obreros debidamente armados... Lo fundamental es enseñar a los trabajadores de base que deben armarse hasta los dientes contra la burguesía armada; los medios ya se encontrarán... (Tesis de Pulacayo , 8 de noviembre de 1946)
La situación es insostenible, pues la población obrera de El Alto se convierte en víctima de los bloqueos. El gobierno y el Estado burgués deben ser derrocados. Sin duda, durante esta movilización están surgiendo formas de autoorganización de masas —asambleas abiertas, comités vecinales, etc.—, pero aún no están generalizadas ni coordinadas, al igual que no se ha organizado una huelga general. Juntos, los consejos obreros y campesinos, culminando en un consejo central nacional, podrían constituir el doble poder contra el gobierno burgués.
Lo que falta hoy es una organización obrera revolucionaria, unida y democrática, que dé a la lucha el objetivo resuelto de derrocar al gobierno, armar al pueblo, establecer un gobierno obrero y campesino que destruya el estado burgués, expropie el capital extranjero y nacional, y abra la perspectiva de una federación socialista de Sudamérica, de unos Estados Unidos socialistas de toda América.
18 de junio de 2026
Colectivo Revolución Permanente